Cuando entras a la masonería, nadie te da un manual de supervivencia. Llegas con expectativas, con curiosidad, tal vez con historias que te contó tu abuelo, tu padre o algún amigo cercano. Y de pronto estás ahí, en un mundo completamente nuevo, tratando de descifrar si lo que vives coincide con lo que imaginabas.
Hoy quiero compartirte tres lecciones que me hubiera gustado conocer antes de iniciarme. No son reglas absolutas — son reflexiones nacidas de la experiencia personal que pueden ahorrarte tropiezos innecesarios y ayudarte a vivir una masonería mucho más plena.
1. No idealices tu iniciación — vívela sin spoilers
Es tremendamente común llegar a la iniciación con la cabeza llena de expectativas. Quizá eres tercera o cuarta generación de masones. Te han contado historias hermosas sobre la Orden, has leído fragmentos de rituales en internet, has visto videos que describen paso a paso lo que supuestamente ocurre en una ceremonia de iniciación.
Error.
La iniciación masónica es una experiencia que necesitas vivir desde la pureza de no saber qué viene. No te hagas spoiler a ti mismo. No busques descripciones detalladas. No te predispongas a sentir algo específico, porque la predisposición mata la autenticidad del momento.
Cuando te predispones, tu imaginación gira en torno a algo que estás esperando, y eso te roba la posibilidad de experimentar algo genuino. La tradición masónica es un camino que se recorre con los ojos del alma, no con la agenda de las expectativas.
Todo lo que viene después de tu iniciación — tu crecimiento, tu compromiso, tu transformación — depende en gran parte de que hayas disfrutado ese primer momento con honestidad. No lo arruines. Date la oportunidad de vivir algo que no puedes repetir.
2. Aprende a distinguir entre información, conocimiento y sabiduría
Una vez iniciado, vas a encontrarte con tres tipos de Hermanos que aparecen en prácticamente todas las logias del mundo. Conocerlos te ahorrará mucha frustración.
El Hermano Enciclopedia: Este es el que puede recitarte de memoria cualquier liturgia, citarte por página y párrafo a cualquier autor masónico, y darte una cátedra completa sobre la historia de la Orden. Está en todas las logias — no he visitado un solo taller donde no exista al menos uno. Escúchalo, pero entiende que memorizar no es comprender. Tener toda la información del mundo no significa haberla procesado, cuestionado ni aplicado en la vida real.
El Hermano que genera seguidores: Este es más sutil y, por lo tanto, más peligroso. Ya pasó del nivel de la pura información: interpreta, tiene criterio propio, y ofrece una visión atractiva de la masonería. Pero su objetivo consciente o inconsciente es que pienses como él. Le encanta tener aprendices que repitan sus ideas, que lo admiren, que lo sigan. El problema es que la masonería no forja seguidores, forja líderes. Cada uno de nosotros debe pensar distinto, aunque lleguemos al mismo destino.
El Hermano Sabio: Este es el que buscas. No te dice qué pensar — te invita a que descubras tu propia visión. Te comparte su experiencia, te señala los libros que puedes consultar, pero su mensaje central es siempre el mismo: “Tú tienes que enfrentarte a tu propia capacidad de conocer, de aprender y de ver el mundo.” Es como el oculista que en lugar de prestarte sus lentes, te manda a que te hagan unos a tu medida.
Si en tu logia solo encuentras los primeros dos tipos, no te frustres ni abandones los trabajos. Búscalo. Y si no está ahí, pasa al siguiente consejo.
3. Sal de tu logia — visita, compara y crece
Lo que aprendes en tu taller es una gota de agua en el océano del conocimiento masónico. Y sin embargo, es asombrosamente común que Hermanos lleven años en la Orden sin haber visitado jamás otra logia.
Es como estar en una universidad con cientos de campus y nunca salir de tu salón de clases. No importa en qué rito estés, si tu obediencia es regular o irregular, si trabajas bajo esta Gran Logia o aquella otra — lo que verdaderamente importa es cómo tú gestionas la información que se te ofrece. Y para gestionar bien, necesitas perspectiva.
Después de tres o cuatro meses de instrucción constante, cuando ya tengas una base sólida, empieza a visitar otros talleres. Observa cómo trabajan. Fíjate en sus usos y costumbres. Busca ahí también a los tres tipos de Hermanos que mencionamos. Como enseñaba Sócrates, el verdadero saber comienza cuando reconoces lo mucho que te falta por aprender.
Y por favor, no te cases con la idea de que tu logia es la mejor, tu rito es el correcto y tu Maestro es insuperable. No hay cosa más limitante para un recién iniciado que creer que ya encontró la verdad completa en un solo lugar.
Un mensaje para los Maestros
Queridos Hermanos Maestros: no generen borregos masónicos. Necesitamos que cada persona que se inicia desarrolle su propio criterio. Y si ese criterio resulta diferente al nuestro, no significa que esté mal. El ego nos juega malas pasadas cuando creemos que nuestro saber es el único válido.
La historia de la masonería es hermosa y vale la pena conocerla. Pero no para recitarla como merolico, sino para entender el proceso que nos trajo hasta aquí y preguntarnos cómo estamos construyendo la historia en la actualidad, para que la Orden en el año 3000 siga contando nuevas historias en lugar de ufanarse de viejas glorias.
Nuestra labor como Maestros es ser eternos aprendices. Siempre aprendiendo. Siempre cuestionando. Siempre dando espacio para que los nuevos Hermanos descubran su propio camino.
Reflexión final
No importa si eres un futuro iniciado que todavía está evaluando el paso, o si ya llevas años dentro de la Orden: estos tres principios siguen siendo válidos. No idealices, no sigas ciegamente, y nunca dejes de explorar.
La masonería es un viaje que dura toda la vida. Y como todo buen viaje, se disfruta más cuando caminas con los ojos abiertos, el corazón dispuesto y la mente libre de prejuicios.
Pregunta. Duda. Reflexiona. Y que la Luz te acompañe en cada paso.
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Este artículo fue desarrollado a partir del video Consejos para iniciados en la Masonería del canal Hermano Benjamín en YouTube.